A 130 km/h, en el autobús.
Hace tiempo que estoy sensible con el tema de la velocidad, y hoy es el día en que me voy a expresar con total libertad y muy a gusto. Si al terminar de leer el post crees que me contradigo, tal vez deberías leerlo más detenidamente y con calma.
El desencadenante es un rutinario viaje en autobús entre Alcoy y Alicante.
Salimos a las 12:30 de la estación de autobuses de Alcoy, y la primera parte del trayecto todo normal. Salimos de Ibi con destino Alicante, ya que es un servicio semidirecto, y por la autovía el conductor va a 105-110 km/h de marcador, supongo que hasta dónde le deje el limitador en llano. Bueno…
Acostumbro a sentarme en la primera fila de asientos a la derecha, desde dónde tengo una visión perfecta de la carretera y del cuadro del autobús.
Subimos el Maigmó, y cuando lo bajamos el conductor adelanta a un camión. Durante el adelantamiento el autobús alcanza los 120 km/h. En esa zona, incluso los automóviles tienen limitación a 100 km/h por curvas cerradas y badenes. Además, hoy soplaban los últimos coletazos del ciclón que afectó que a la Península Ibérica el pasado fin de semana.
Continuamos el viaje, y cerca ya de San Vicente del Raspeig me doy cuenta de que las cosas pasan rápido por la ventanilla. Miro para delante y le comemos metros a prácticamente todos los vehículos, mientras circulamos raudos por el carril izquierdo. En este momento la aguja del velocímetro marca más de 125 km/h, fondo de escala del marcador, y por la distancia que separaba la aguja y la última marca calculo que circulábamos a unos 130 km/h.
Pero la gota que ha colmado el vaso, y me ha llevado a la decisión de poner una queja ha sido cuando circulábamos por la avenida de Elche, en Alicante, a 80 km/h y apurando los semáforos en ámbar. “Gracias” a esta muestra de conducción alocada hemos llegado a Alicante 15 minutos antes.
Pero lo mejor viene ahora.
Esta misma tarde llamo a la oficina de La Alcoyana para presentar la correspondiente queja y la señorita que me atiende intenta justificar a su compañero con frases “Joya” como:
- “Cada uno conduce como se siente seguro”
ó
- “Pero ¿hubo algún momento de peligro o mi compañero perdió estuvo a punto de perder el control?”
Tras desmontarle sus argumentos corporativistas y recordarle que si a La Alcoyana no le interesaba mi queja, a las autoridades de tráfico tal vez si les interesase, me tramitó la reclamación.
Y luego el que corre soy yo.
Es cierto que durante mis primeros años de carnet he cometido alguna (o varias) burrada(s), pero la experiencia y la razón me han sentado la cabeza y me han llevado a razonar el por qué de los límites de velocidad.
Los que me conocen saben que muchas veces circulo por encima del límite de velocidad genérico de 120 km/h, superándolo ampliamente cuando las condiciones me lo permiten, es decir, buena visibilidad, buen tiempo, tráfico escaso y en autovía-autopista en buenas condiciones. Por ello, y principalmente por reconocerlo abiertamente, me llueven las críticas, algunas muy duras y muy “tocapelotas”.
Para empezar, diré que las limitaciones de velocidad son una cosa, el límite genérico es otra. Las limitaciones se fijan por motivos de seguridad razonables o proximidad a zonas residenciales sensibles a ruidos. Los límites genéricos no son nada más que eso, una limitación administrativa.
En el caso de los autobuses, la limitación a 100 km/h se establece por la estabilidad del vehículo y por la capacidad de frenada, al igual que los camiones. Es un límite con una fuerte base técnica y que nadie discute. Todo lo contrario que el límite genérico de 120 km/h, que es muy discutido.
Los 120 km/h se establecieron en los años 70 por la crisis del petróleo, básicamente para reducir el consumo. Anteriormente, el límite en autopista (aún no existían autovías, aunque sí autopistas libres) era de 130 km/h. Por aquellos años, pocos vehículos eran capaces de alcanzar tales velocidades y prácticamente ninguno era seguro ni estable a más de 80 km/h. En los 70, cuando los vehículos calzaban un 50% menos de neumático, sólo modelos de alta gama como Mercedes, BMW o Audi poseían sistemas de frenado capaces de detener el vehículo en una distancia razonable.
Nadie duda de que los vehículos de hoy en día, hasta el utilitario más compacto, es muchísimo más seguro y capaz que cualquier vehículo de hace 30 años.
El caso es que (casi) todos los que conducimos tenemos muy claro lo anterior y le pisamos un poco más cuando las circunstancias lo permiten, algunos irresponsables, incluso sin permitirlo.
Circulando a 140 km/h me suelen pasar bastantes automóviles, alguna furgoneta e incluso algún furgón o camión ligero. A una velocidad bastante más elevada, cuando todavía no era más que una falta administrativa, por la AP-7 me adelantó una furgoneta Mercedes Vito con un margen de velocidad bastante amplio. Es increíble lo que corren esos vehículos mixtos de tamaño medio. En la misma vía, también circulaba ligero cuando me adelantó un automóvil a más de 300 km/h, ya que apenas pude distinguir el modelo.
Incluso he llegado a circular en paralelo con un camión a 140 km/h y tener que alcanzar los 150 para adelantarlo, ya por cojones, claro está, por qué también podría haber frenado y quedarme detrás. Y de las motocicletas, mejor ni hablar.
Entonces pienso que al igual no es que yo corra mucho, es que la sociedad es treméndamente hipócrita.
Entre los que me critican hay:
- El que no corre, por autopista, pero sale de ella y circula a 120 km/h por carretera y a 80 por ciudad.
- El que nunca corre, pero pone el coche a 180 km/h en una carretera comarcal durante la madrugada y tras un palizón de horas de viaje.
- El que no corre, pero circula a 120 km/h a 5 metros escasos del vehículo de delante.
- El que no corre, pero va a la velocidad máxima que marca la vía con sol, lluvia, nieve, niebla, hielo o el día del juicio final por la tarde a última hora y cerrando ya.
- El que no corre, pero va a 180 por la Castellana con el coche del trabajo (tiene inmunidad diplomática, jeje)
Y podría continuar la lista de forma indefinida.
Lo qué nunca justificaré serán los excesos de velocidad en túneles, vías de doble sentido, y muchísimo menos en vías urbanas, dónde los conductores debemos compartir espacio con los peatones.
Tampoco justificaré excesos de ningún tipo en transporte colectivo, dónde por una jilipollez puede resultar heridas muchas personas. Vaya, también es válido para los que se empeñan en ir a 120 besándote el culo cuando todo el tráfico de alrededor va a 100. Me recuerda a un conato de accidente…
Pero claro, con ejemplos de insensatez como el que relato al principio del post, u otros como he visto durante casi 5 años mis argumentos, como los de tantos otros que piensan como yo, pierden casi todo el peso para quedarse en paja seca.
Un ejemplo, grabado por FAJAMUSA:
Como no me quiero extender, voy a acabar con unos enlaces sobre el tema:
Terra: La media en autopista se acerca a los 180 km/h
Diariu de Guti: El mito de las autopistas alemanas
El Economista: El límite de velocidad en las autopistas no garantiza menos accidentes