Antes que nada quiero aclarar que este relato es pura ficción y que cualquier coincidencia de nombres es pura casualidad.
Todos los que me conocen saben que no soy muy dado a las “fiestas”. Siempre he pensado que son una aberración del ocio, consistente en meterse en locales ruidosos, con una gran aglomeración de gente e intoxicarse etílicamente, en el mejor y más moderado de los casos.
Pero este fin de semana fue distinto.
No se muy bien como acabé en aquella discoteca alcoyana. Tal vez el fin de los exámenes de febrero, la insistencia de los compañeros, o que mi propio síndrome de ermitaño solitario ya no se tiene en pie.
Aquella noche fuimos a cenar al centro comercial Alzamora, a medio camino entre el centro y la zona de ocio. Hasta aquí, el plan no difería mucho de cualquier otro fin de semana con mis amigos de Elche, los de toda la vida.
Después de cenar, y saliendo ya del centro comercial, un compañero recibe una llamada a su móvil:
Compañero: - “Sí, estamos saliendo del Alzamora, ahora nos vemos en la puerta.”
Cuelga. Habíamos quedado 4 tíos para irnos a pasar el rato y festejar el final de los exámenes (siempre he dicho que me voy de fiesta para festejar algo), pero parece que el plan incluía nuevas sorpresas.
Compañero: -“Chaval, he quedado con una amiga de mi pueblo que se ha subido aquí, por que también conoce a unas de Química. ¡No veas que pivón!”
Yo: -“Ah, estupendo”
La verdad que la nueva situación me dejaba totalmente indiferente. En amores, hasta la fecha, he sufrido muchos fiascos, y además de manera consecutiva. Eso me ha llevado hasta el extremo de creerme completamente al margen del amor. Sencillamente, creo imposible que una chica se fije en mí, por que lo poco que tengo para ofrecer parece no interesarle a ninguna.
Caminamos unos 10 minutos, soportando la gélida noche alcoyana, y al fin llegamos a la puerta de la discoteca.
Allí había cinco chicas. Muy monas todas, y muy clónicas. ¿Por qué las chicas de ahora parecen productos fabricados en serie? Todas con pantalón de cintura muy baja o micro falda, zapatos horteras de colores chillones, camiseta, o blusa, o lo que sea, pero muy escotado, y el flequillo peinado hacia atrás.
No pude evitar pasar revista a todas, y me fijé que eran tres rubias y dos morenas.
Las raíces tan negras como las mías descubrían a más de una peliteñida, y la única auténtica tenia acento nórdico. No pude evitar el recordar una canción que decía “Rubia de bote, chocho morenote…”
Nos presentaron y fuimos para dentro. La música era típica de discoteca de populacho, lista de éxitos de 40 principales remezclado estilo reggeaton.
Fui a la barra a pedir mi típico Ron con Cola. Antes bebía más, pero descubrí la gracia de la moderación.
Así pasó más o menos una hora. Mis compañeros bailaban con las chicas y yo miraba. No sé bailar, y si algún día tuviese que aprender, preferiría hacerlo con vals, tango o cualquier otro baile más elegante y que no consista en refregar el miembro contra las posaderas de una desconocida.
Se acerca una de las chicas con intención de hacerme salir a bailar:
Chica: -“No seas tímido y baila” Mientras me extiende su mano.
Yo: -“No se bailar”
Chica: -“Da igual, yo te enseño. Tú déjate llevar”
¿Qué me deje llevar? Que mal suena eso. Después de un rato haciendo el ridículo, fui a pedirme otra copa. La chica se vino conmigo y se pidió un cóctel raro, pero muy cargado de alcohol. Nos apoyamos en una pared con repisa para dejar los vasos.
Chica: -“¿Cómo te llamas?”
Yo: -“Santi, ¿y tú?”
Chica: -“Verónica, pero todos me llaman Vero. ¿Qué estudias?”
Yo: -“Primero de electricidad” (damos por hecho que todos somos futuros ingenieros)
Chica: -“Ah, bien. Yo estudio primero de química.”
Ella sigue con el interrogatorio preguntándome mis aficiones,
Vero (Chica): -“¿Y que aficiones tienes, aparte de los cables?”
Wow!, vocabulario amplio y rico, propio de una estudiante de ingeniería…
Yo: -“Me gusta hacer kilómetros en bicicleta, pasear por la sierra, los trenes, los coches y la ingeniería en general…”
Vero: -“Por lo que veo eres un genio al que le gustan los desafíos”
¿Qué? Nunca me he considerado un genio, más bien todo lo contrario. Me parece que la chica ya ha bebido demasiado.
Yo: -“Pues la verdad que estoy muy lejos de ser un genio, pero sí, me gustan los retos.”
De pronto la música me llama la atención…
Vero: -“¿te gusta la canción?”
Yo: -“Me encanta”
De pronto la chica se acerca a mí de forma peligrosa, y antes de poder reaccionar ya me está besando. Mi adrenalina va subiendo, cierro los ojos y noto por mi espalda como se desliza la mano de la chica dejando a su paso una sensación como hacía mucho que no sentía.
La aparto de mí y le digo,
Yo: -“¿Qué haces?”
Vero: -“Besarte”
Yo: -“Te equivocas, yo no soy de esos que buscan un rollo de una noche”
Vero: -“Ni yo tampoco”
Yo: -“Creo que has bebido demasiado”
La cosa quedó ahí por esa noche.
La semana siguiente nos cruzamos en la máquina de café de la universidad. Yo removía y soplaba a mi capuchino de agua sucia cuando apareció ella. Al verme se quedó parada y dubitativa.
Yo: -“Por mi no te cortes, yo me voy ya”
Vero: -“Es que no me llega para un café”
Yo: -“¿Cuanto te falta? “
Vero: -“5 céntimos, pensaba que llevaba más”
Le doy una moneda de 20, apuro mi café y me marcho a clase. Ella me para.
Vero: -“¡Espera!”
Yo: -“Dime”
Vero: -“Perdona por lo de la otra noche”
Yo: -“No te preocupes, habías bebido mucho…”
Vero: -“No exactamente”
Yo: -“¿A que te refieres con no exactamente?”
Vero: -“A nada, pero no había bebido tanto”
Como gran amante de los felinos que soy, tengo la sensación de que aquí hay gato encerrado.
Yo: -“Tengo tiempo para otro café”
Vero: -“Yo tengo que volver a clase. De todos modos da igual, es sólo una tontería.”
Yo: -“¿Tienes clase por la tarde?”
Vero: -“No”
Yo: -“Si quieres te invito a comer en la cafetería, y hablamos tranquilamente.”
Vero: -“Vale”
Ella y yo nos vamos a nuestras respectivas clases.
En mi aula, el profesor, de marcado acento valenciano, explica teoría de circuitos, pero yo estoy montando mis propias teorías sobre lo que pasó la otra noche y más aún lo que ha pasado ahora en la máquina de café. El beso en la discoteca fue poco más que una anécdota hasta hace unos minutos.
A Verónica la conocía de vista. Casi todos los días nos cruzábamos por los pasillos de la politécnica, yo la miraba y a veces ella me sorprendía mirándole. La chica es mona, de pelo castaño oscuro, casi negro y con dotes femeninas generosas. Antes del viernes, sólo me había dirigido a ella para pedirle perdón por pisarla en la cola de reprografía.
Después de las clases fui a la cafetería, me serví la comida (es un buffet), pagué y me senté en una mesa para dos. Al poco llegó ella con la bandeja y se sentó en mi mesa. Saqué de mi mochila un billete de cinco euros y se lo di,
Yo: -“Toma, te dije que te invitaba yo”
Vero: -“No hace falta, además, la comida vale 3.80”
Yo: -“Sí que hace falta, me gusta cumplir lo que prometo.”
Vero: -“Eres el tío Gilito” (entre risas)
Yo: -“Ya me gustaría a mí… Bueno, cuéntame cosas”
Vero: -“¿Qué quieres que te cuente?”
Yo: -“Que me matices el ‘no exactamente’ de antes. Me ha dejado intrigado.”
Vero: -“Eres muy detallista”
Yo: -“Bastante, no me gusta dejar cabos sueltos.”
Vero: -“Jajaja, ¿que quieres saber exactamente?”
Yo: -“El por qué me besaste”
Vero: -“Si tan mal te sentó, ya te he pedido perdón.”
Yo: -“No me sentó mal. Pensaba que simplemente ibas bebida, y no me apetecía que rebajases tu dignidad conmigo.”
Vero: -“Que duro eres, pareces House”
Yo: -“¡Deja de compararme con personajes de la tele!”
Vero: -“Te besé por que quise, y punto. No rebajo mi dignidad por eso.”
Yo: -“Es muy raro que una chica quiera besarme por iniciativa propia, casi tanto como que al salir de aquí me regalen un Ferrari.”
Vero: -“Jajaja, ya será menos. ¡Qué exagerado!”
Yo: -“Tres años de sequía me avalan”
Vero: -“Ya, se nota en lo agrio que tienes el carácter. ¿No serás gay?” (Y se vuelve a reír)
Yo: -“Ale, otra con la misma cantinela. ¡Pues no!, me gustan y mucho las mujeres.”
Vero: -“Pues el otro día me apartaste muy rápido.”
Yo: -“Me enamoro fácilmente y he sufrido mucho. Prefiero evitar ciertas situaciones, pero que sepas que disfruté el poco rato que te besé”
Vero: -“Como un donette almendrado, duro por fuera y tierno por dentro.”
Yo: -“Creo que ves mucho la tele”
Ella se ríe, se levanta, apoya sus manos en la mesa y me dice al oído,
Vero: -“¿Te crees que no me he dado cuenta de lo mucho que me miras cada vez que nos cruzamos? ¿Te crees que yo te miro sólo con mala leche? Me di cuenta de que existías cuando te pillé mirándome el culo, y desde ese momento estaba deseando conocerte, y así me pagas, matándome de vergüenza al tenerte que decir esto…”
Se sienta y sus mejillas comienzan a ponerse rojas, mientras destroza una servilleta de papel entre sus manos. Yo la miro a los ojos, de un azul turquesa intenso. Ella también me mira. Así nos quedamos un buen rato, hasta que nos interrumpe una camarera,
Camarera: -“¿Café?”
Yo: -“Un cortado, por favor”
Vero: -“Yo nada, gracias”
La interrupción de la camarera rompe el hielo y nos devuelve a nuestra conversación,
Vero: -“Te has quedado sin palabras”
Yo: -“No se como enfocar lo que me has dicho”
Vero: -“Es muy fácil. Me gustas, y mucho. Creo que el sentimiento es mutuo”
Yo: -“Sí, pero…”
Vero: -“Pero…”
Yo: -“¿Por qué una chica tan preciosa como tú se fija en un chico tan normal como yo?”
Vero: -“Tal vez por que se te nota de lejos que tú estás al margen de modas y de lo que manda la sociedad, que tu eres tú mismo y eres una gran persona, por mucho que te empeñes en demostrar lo contrario”
Yo: -“Es una afirmación atrevida para no conocerme más que de vista”
Vero: -“Para una mujer no hace falta mucho más que un vistazo para saber si un tío merece la pena”
Yo: -“Vaya… Me has dejado completamente sin palabras.”
Vero: -“Ya.”
Yo: -“En mi piso tengo algunas películas en DVD, si quieres podemos ir a ver alguna.”
Vero: -“Bueno”
Vamos al piso, que no está muy lejos de la universidad. Ya son cerca de las cinco de la tarde.
Yo: -“Siéntate mientras lo preparo todo. ¿Quieres algo? Tengo té, refresco de cola del Mercadona y agua”
Vero: -“No, gracias.”
Yo: -“¿Quieres palomitas?”
Vero: -“No, gracias, estoy llena de la comida”
Pongo la película, la jungla 4.0, y traigo una manta pequeña para cubrirnos las piernas, ya que mi piso es muy frío. El sofá no es muy grande, y eso nos obliga a mantenernos cerca. Cuando Bruce Willis estrella un coche contra un helicóptero, Vero, apoya su cabeza sobre mi hombro y yo paso mi brazo por encima de los suyos.
Es una experiencia agradable, hace mucho tiempo que no compartía un momento como éste con una chica, y ya no me hablo con la última. Mi mano izquierda, siempre inquieta, comienza a acariciarle suavemente el cuello, desde el borde de su suéter hasta la base de su cabeza.
Después de un rato ella se revuelve y me besa con pasión. Otra vez me recorre todo el cuerpo una sensación electrizante de placer. Antes de que pueda darme cuenta ella está sobre mí, de rodillas en el sofá mientras nos besamos apasionadamente. Comienzo a deslizar mis manos por su cintura, por debajo de su ropa, y desde ahí a su espalda. De pronto se vuelve a sentar, y como si no hubiese pasado nada, me dice,
Vero: -“Y ahora no he bebido…”
Yo: -“Ya veo. ¿Sabes que llevo tiempo soñando con un beso tuyo?”
Vero: -“Pues el viernes no lo parecía. Disimulas muy bien.”
Yo: -“Ya, jeje”
Ella me besa otra vez, pero de forma menos efusiva.
Vero: -“Tengo la espalda destrozada. Tengo los hombros y la cintura muy cargados.”
Yo: -“Si quieres te doy un masaje. No soy profesional, pero creo que los hago aceptablemente bien.”
Vero: -“Vale”
Yo: -“Voy a poner el calefactor en el cuarto”
Vero: -“Vale” Mientras me mira con una amplia sonrisa.
Entramos los dos en el cuarto, apago la luz y pongo música relajante. Las últimas luces de la tarde filtran algo de claridad a través de la ventana, por lo que la luz es tenue, pero suficiente para ver por dónde se deslizan mis manos.
El calefactor ha hecho un buen trabajo, y la temperatura del cuarto es más que cómoda, incluso con poca ropa.
Vero se tumba boca abajo en la cama, sin camiseta. Su espalda desnuda ofrece una visión preciosa. Se nota que practica algún deporte, ya que tiene un torso bien definido, pero plenamente femenino.
Comienzo a deslizar mis manos sobre su cintura en dirección a su nuca, hasta que las frena su sujetador.
Vero: -“¿Quieres que me quite el sujetador?”
Yo: -“Mejor sí, por que si no te puedo hacer daño con el cierre”
Se incorpora y mi dice,
Vero: -“Ayúdame a desabrocharlo, por favor”
Le desabrocho el cierre y ella hace el resto. La penumbra de la habitación permite adivinar su figura en un juego de luces y sombras. Se vuelve a tumbar y continúo con el masaje. Subo hasta el cuello y aparto su melena a un lado. Su pelo es liso y de tacto sedoso. Casi sin quererlo estoy de rodillas sobre la cama, inclinado sobre ella, acariciándole toda la espalda. De pronto, levanta sus caderas y desabrocha los botones de su pantalón,
Yo: -“¿Qué haces?”
Vero: -“Ponerme cómoda, me estoy relajando mucho. Tienes unas manos que son una joya.”
Yo: -“Es que le pongo cariño a todo lo que hago”
Vero: -“Ya veo, ya…”
El último ‘ya’ ha sido prolongado y apagado. Está realmente relajada.
Es increíble el tener semidesnuda en mi cama a la chica por la que he babeado tanto el pasado cuatrimestre.
Comienzo a besarla en el cuello, mientras que mis manos se van a la parte baja de su espalda y a sus senos de forma indiscreta.
Vero: -“Parece que te gusto mucho” (En voz muy baja)
Yo: -“Muchísimo” (Sin parar de acariciarla de forma lenta y constante)
Vero: -“Y tú a mi también” (Mientras se vuelve para besarme y en un hábil movimiento, quitarme la sudadera)
El resto, pues ya se sabe…