Sunday, August 10, 2008

Autovía


Aviso: Este es un relato de ficción, cualquier parecido con la realidad no es más que casualidad.

Es noche cerrada, en ese punto de la madrugada en el que no se distingue claramente si es muy tarde o muy temprano.

Voy solo por la carretera, a veces adelanto a algún camión y veo luces fugaces en la calzada del sentido contrario. Circulo más allá de cualquier límite de velocidad, a más de tres cuartas partes del fondo de escala del velocímetro. La radio está a un volumen muy bajo y los sonidos más notables son el ruido aerodinámico causado por la elevada velocidad y el ronroneo del motor.

No tengo rumbo, y llevo horas conduciendo. A mi lado se extiende la llanura castellana, y sobre mí un cielo profundamente negro, salpicado de estrellas. Los kilómetros pasan cada pocos segundos y las líneas discontinuas de la calzada parecen juntarse. Mis luces, de color blanco azulado, iluminan toda la calzada por delante de mí.

A pesar de la velocidad, la conducción es relajada. Da tiempo a pensar. Son ya varias horas tras el volante. Incluso da tiempo a pensar en por qué estoy huyendo a toda velocidad, poniendo centenares de kilómetros de por medio.

Tal vez sea por la vergüenza de esta tarde, en la cafetería de la universidad:

Yo: - ”Susana, ¿tienes un momento? Quiero comentarte algo.”

Susana: - “Sí, claro, dime” Y nos sentamos en una mesa de la cafetería.

Yo: - “Ya sé que no hemos hablado mucho, que sólo hemos coincidido en algunas asignaturas, y que probablemente no sabes ni como me llamo.”

Susana: - ”Pues ahora que lo dices, no. Jeje, sólo sé que estudias electricidad.”

Yo: - ”Me llamo Santi, y sí, soy un eléctrico.”

Susana: - ”Pues encantada, aunque un poco tarde para las presentaciones.”

Yo: - ”La verdad que sí…” Y me quedo momentáneamente sin palabras.

Susana: - ”Bueno, ¿que me querías decir? Debe ser importante.”

Yo: - “Ehm, tal vez no lo sea tanto. O sí, no se. Hace tiempo ya que nos cruzamos un día en el pasillo. Tú estabas sentada en un banco comiéndote una manzana y yo entraba para esperar a la profesora. Me fijé en ti, y desde entonces me has dejado huella. Pensaba que tal vez fuese interesante conocernos más a fondo, empezar una amistad, o…”

Susana: - “¡Que fuerte! Lo que pasa que yo a ti te gusto, y como no tenemos ningún amigo en común, ni yo salgo mucho por ahí de fiesta, no has encontrado otra forma de declararte.”

Yo: - “Tal vez sea exactamente eso lo que me pasa.” Le decía mientras me ruborizaba.

Susana: - “Buff, no se, con el tiempo, si coincidimos en algo podremos ser amigos, pero poco más. Desde luego, esta no ha sido la forma más adecuada de empezar nada. Te agradezco que hayas sido tan sincero, pero ahora mismo no sé que puedo ofrecerte a tu vida, y seguro que tú tienes mucho que ofrecer a cualquier otra chica. Lo siento de verdad, pero no puede ser. Simplemente no nos conocemos de absolutamente nada.”

Yo: - “Bueno, no pasa nada. Muchas gracias por escucharme.”

En ese momento me levanté con un gran nudo en el estómago y una imperiosa necesidad por salir de allí. Me fui al aparcamiento, cogí el coche y salí a la carretera.

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Sunday, July 6, 2008

Otra Historia

Antes que nada quiero aclarar que este relato es pura ficción y que cualquier coincidencia de nombres es pura casualidad.

Todos los que me conocen saben que no soy muy dado a las “fiestas”. Siempre he pensado que son una aberración del ocio, consistente en meterse en locales ruidosos, con una gran aglomeración de gente e intoxicarse etílicamente, en el mejor y más moderado de los casos.

Pero este fin de semana fue distinto.

No se muy bien como acabé en aquella discoteca alcoyana. Tal vez el fin de los exámenes de febrero, la insistencia de los compañeros, o que mi propio síndrome de ermitaño solitario ya no se tiene en pie.

Aquella noche fuimos a cenar al centro comercial Alzamora, a medio camino entre el centro y la zona de ocio. Hasta aquí, el plan no difería mucho de cualquier otro fin de semana con mis amigos de Elche, los de toda la vida.

Después de cenar, y saliendo ya del centro comercial, un compañero recibe una llamada a su móvil:

Compañero: - “Sí, estamos saliendo del Alzamora, ahora nos vemos en la puerta.”

Cuelga. Habíamos quedado 4 tíos para irnos a pasar el rato y festejar el final de los exámenes (siempre he dicho que me voy de fiesta para festejar algo), pero parece que el plan incluía nuevas sorpresas.

Compañero: -“Chaval, he quedado con una amiga de mi pueblo que se ha subido aquí, por que también conoce a unas de Química. ¡No veas que pivón!”

Yo: -“Ah, estupendo”

La verdad que la nueva situación me dejaba totalmente indiferente. En amores, hasta la fecha, he sufrido muchos fiascos, y además de manera consecutiva. Eso me ha llevado hasta el extremo de creerme completamente al margen del amor. Sencillamente, creo imposible que una chica se fije en mí, por que lo poco que tengo para ofrecer parece no interesarle a ninguna.

Caminamos unos 10 minutos, soportando la gélida noche alcoyana, y al fin llegamos a la puerta de la discoteca.

Allí había cinco chicas. Muy monas todas, y muy clónicas. ¿Por qué las chicas de ahora parecen productos fabricados en serie? Todas con pantalón de cintura muy baja o micro falda, zapatos horteras de colores chillones, camiseta, o blusa, o lo que sea, pero muy escotado, y el flequillo peinado hacia atrás.

No pude evitar pasar revista a todas, y me fijé que eran tres rubias y dos morenas.

Las raíces tan negras como las mías descubrían a más de una peliteñida, y la única auténtica tenia acento nórdico. No pude evitar el recordar una canción que decía “Rubia de bote, chocho morenote…”

Nos presentaron y fuimos para dentro. La música era típica de discoteca de populacho, lista de éxitos de 40 principales remezclado estilo reggeaton.

Fui a la barra a pedir mi típico Ron con Cola. Antes bebía más, pero descubrí la gracia de la moderación.

Así pasó más o menos una hora. Mis compañeros bailaban con las chicas y yo miraba. No sé bailar, y si algún día tuviese que aprender, preferiría hacerlo con vals, tango o cualquier otro baile más elegante y que no consista en refregar el miembro contra las posaderas de una desconocida.

Se acerca una de las chicas con intención de hacerme salir a bailar:

Chica: -“No seas tímido y baila” Mientras me extiende su mano.

Yo: -“No se bailar”

Chica: -“Da igual, yo te enseño. Tú déjate llevar”

¿Qué me deje llevar? Que mal suena eso. Después de un rato haciendo el ridículo, fui a pedirme otra copa. La chica se vino conmigo y se pidió un cóctel raro, pero muy cargado de alcohol. Nos apoyamos en una pared con repisa para dejar los vasos.

Chica: -“¿Cómo te llamas?”

Yo: -“Santi, ¿y tú?”

Chica: -“Verónica, pero todos me llaman Vero. ¿Qué estudias?”

Yo: -“Primero de electricidad” (damos por hecho que todos somos futuros ingenieros)

Chica: -“Ah, bien. Yo estudio primero de química.”

Ella sigue con el interrogatorio preguntándome mis aficiones,

Vero (Chica): -“¿Y que aficiones tienes, aparte de los cables?”

Wow!, vocabulario amplio y rico, propio de una estudiante de ingeniería…

Yo: -“Me gusta hacer kilómetros en bicicleta, pasear por la sierra, los trenes, los coches y la ingeniería en general…”

Vero: -“Por lo que veo eres un genio al que le gustan los desafíos”

¿Qué? Nunca me he considerado un genio, más bien todo lo contrario. Me parece que la chica ya ha bebido demasiado.

Yo: -“Pues la verdad que estoy muy lejos de ser un genio, pero sí, me gustan los retos.”

De pronto la música me llama la atención…

Vero: -“¿te gusta la canción?”

Yo: -“Me encanta”

De pronto la chica se acerca a mí de forma peligrosa, y antes de poder reaccionar ya me está besando. Mi adrenalina va subiendo, cierro los ojos y noto por mi espalda como se desliza la mano de la chica dejando a su paso una sensación como hacía mucho que no sentía.

La aparto de mí y le digo,

Yo: -“¿Qué haces?”

Vero: -“Besarte”

Yo: -“Te equivocas, yo no soy de esos que buscan un rollo de una noche”

Vero: -“Ni yo tampoco”

Yo: -“Creo que has bebido demasiado”

La cosa quedó ahí por esa noche.

La semana siguiente nos cruzamos en la máquina de café de la universidad. Yo removía y soplaba a mi capuchino de agua sucia cuando apareció ella. Al verme se quedó parada y dubitativa.

Yo: -“Por mi no te cortes, yo me voy ya”

Vero: -“Es que no me llega para un café”

Yo: -“¿Cuanto te falta? “

Vero: -“5 céntimos, pensaba que llevaba más”

Le doy una moneda de 20, apuro mi café y me marcho a clase. Ella me para.

Vero: -“¡Espera!”

Yo: -“Dime”

Vero: -“Perdona por lo de la otra noche”

Yo: -“No te preocupes, habías bebido mucho…”

Vero: -“No exactamente”

Yo: -“¿A que te refieres con no exactamente?”

Vero: -“A nada, pero no había bebido tanto”

Como gran amante de los felinos que soy, tengo la sensación de que aquí hay gato encerrado.

Yo: -“Tengo tiempo para otro café”

Vero: -“Yo tengo que volver a clase. De todos modos da igual, es sólo una tontería.”

Yo: -“¿Tienes clase por la tarde?”

Vero: -“No”

Yo: -“Si quieres te invito a comer en la cafetería, y hablamos tranquilamente.”

Vero: -“Vale”

Ella y yo nos vamos a nuestras respectivas clases.

En mi aula, el profesor, de marcado acento valenciano, explica teoría de circuitos, pero yo estoy montando mis propias teorías sobre lo que pasó la otra noche y más aún lo que ha pasado ahora en la máquina de café. El beso en la discoteca fue poco más que una anécdota hasta hace unos minutos.

A Verónica la conocía de vista. Casi todos los días nos cruzábamos por los pasillos de la politécnica, yo la miraba y a veces ella me sorprendía mirándole. La chica es mona, de pelo castaño oscuro, casi negro y con dotes femeninas generosas. Antes del viernes, sólo me había dirigido a ella para pedirle perdón por pisarla en la cola de reprografía.

Después de las clases fui a la cafetería, me serví la comida (es un buffet), pagué y me senté en una mesa para dos. Al poco llegó ella con la bandeja y se sentó en mi mesa. Saqué de mi mochila un billete de cinco euros y se lo di,

Yo: -“Toma, te dije que te invitaba yo”

Vero: -“No hace falta, además, la comida vale 3.80”

Yo: -“Sí que hace falta, me gusta cumplir lo que prometo.”

Vero: -“Eres el tío Gilito” (entre risas)

Yo: -“Ya me gustaría a mí… Bueno, cuéntame cosas”

Vero: -“¿Qué quieres que te cuente?”

Yo: -“Que me matices el ‘no exactamente’ de antes. Me ha dejado intrigado.”

Vero: -“Eres muy detallista”

Yo: -“Bastante, no me gusta dejar cabos sueltos.”

Vero: -“Jajaja, ¿que quieres saber exactamente?”

Yo: -“El por qué me besaste”

Vero: -“Si tan mal te sentó, ya te he pedido perdón.”

Yo: -“No me sentó mal. Pensaba que simplemente ibas bebida, y no me apetecía que rebajases tu dignidad conmigo.”

Vero: -“Que duro eres, pareces House”

Yo: -“¡Deja de compararme con personajes de la tele!”

Vero: -“Te besé por que quise, y punto. No rebajo mi dignidad por eso.”

Yo: -“Es muy raro que una chica quiera besarme por iniciativa propia, casi tanto como que al salir de aquí me regalen un Ferrari.”

Vero: -“Jajaja, ya será menos. ¡Qué exagerado!”

Yo: -“Tres años de sequía me avalan”

Vero: -“Ya, se nota en lo agrio que tienes el carácter. ¿No serás gay?” (Y se vuelve a reír)

Yo: -“Ale, otra con la misma cantinela. ¡Pues no!, me gustan y mucho las mujeres.”

Vero: -“Pues el otro día me apartaste muy rápido.”

Yo: -“Me enamoro fácilmente y he sufrido mucho. Prefiero evitar ciertas situaciones, pero que sepas que disfruté el poco rato que te besé”

Vero: -“Como un donette almendrado, duro por fuera y tierno por dentro.”

Yo: -“Creo que ves mucho la tele”

Ella se ríe, se levanta, apoya sus manos en la mesa y me dice al oído,

Vero: -“¿Te crees que no me he dado cuenta de lo mucho que me miras cada vez que nos cruzamos? ¿Te crees que yo te miro sólo con mala leche? Me di cuenta de que existías cuando te pillé mirándome el culo, y desde ese momento estaba deseando conocerte, y así me pagas, matándome de vergüenza al tenerte que decir esto…”

Se sienta y sus mejillas comienzan a ponerse rojas, mientras destroza una servilleta de papel entre sus manos. Yo la miro a los ojos, de un azul turquesa intenso. Ella también me mira. Así nos quedamos un buen rato, hasta que nos interrumpe una camarera,

Camarera: -“¿Café?”

Yo: -“Un cortado, por favor”

Vero: -“Yo nada, gracias”

La interrupción de la camarera rompe el hielo y nos devuelve a nuestra conversación,

Vero: -“Te has quedado sin palabras”

Yo: -“No se como enfocar lo que me has dicho”

Vero: -“Es muy fácil. Me gustas, y mucho. Creo que el sentimiento es mutuo”

Yo: -“Sí, pero…”

Vero: -“Pero…”

Yo: -“¿Por qué una chica tan preciosa como tú se fija en un chico tan normal como yo?”

Vero: -“Tal vez por que se te nota de lejos que tú estás al margen de modas y de lo que manda la sociedad, que tu eres tú mismo y eres una gran persona, por mucho que te empeñes en demostrar lo contrario”

Yo: -“Es una afirmación atrevida para no conocerme más que de vista”

Vero: -“Para una mujer no hace falta mucho más que un vistazo para saber si un tío merece la pena”

Yo: -“Vaya… Me has dejado completamente sin palabras.”

Vero: -“Ya.”

Yo: -“En mi piso tengo algunas películas en DVD, si quieres podemos ir a ver alguna.”

Vero: -“Bueno”

Vamos al piso, que no está muy lejos de la universidad. Ya son cerca de las cinco de la tarde.

Yo: -“Siéntate mientras lo preparo todo. ¿Quieres algo? Tengo té, refresco de cola del Mercadona y agua”

Vero: -“No, gracias.”

Yo: -“¿Quieres palomitas?”

Vero: -“No, gracias, estoy llena de la comida”

Pongo la película, la jungla 4.0, y traigo una manta pequeña para cubrirnos las piernas, ya que mi piso es muy frío. El sofá no es muy grande, y eso nos obliga a mantenernos cerca. Cuando Bruce Willis estrella un coche contra un helicóptero, Vero, apoya su cabeza sobre mi hombro y yo paso mi brazo por encima de los suyos.

Es una experiencia agradable, hace mucho tiempo que no compartía un momento como éste con una chica, y ya no me hablo con la última. Mi mano izquierda, siempre inquieta, comienza a acariciarle suavemente el cuello, desde el borde de su suéter hasta la base de su cabeza.

Después de un rato ella se revuelve y me besa con pasión. Otra vez me recorre todo el cuerpo una sensación electrizante de placer. Antes de que pueda darme cuenta ella está sobre mí, de rodillas en el sofá mientras nos besamos apasionadamente. Comienzo a deslizar mis manos por su cintura, por debajo de su ropa, y desde ahí a su espalda. De pronto se vuelve a sentar, y como si no hubiese pasado nada, me dice,

Vero: -“Y ahora no he bebido…”

Yo: -“Ya veo. ¿Sabes que llevo tiempo soñando con un beso tuyo?”

Vero: -“Pues el viernes no lo parecía. Disimulas muy bien.”

Yo: -“Ya, jeje”

Ella me besa otra vez, pero de forma menos efusiva.

Vero: -“Tengo la espalda destrozada. Tengo los hombros y la cintura muy cargados.”

Yo: -“Si quieres te doy un masaje. No soy profesional, pero creo que los hago aceptablemente bien.”

Vero: -“Vale”

Yo: -“Voy a poner el calefactor en el cuarto”

Vero: -“Vale” Mientras me mira con una amplia sonrisa.

Entramos los dos en el cuarto, apago la luz y pongo música relajante. Las últimas luces de la tarde filtran algo de claridad a través de la ventana, por lo que la luz es tenue, pero suficiente para ver por dónde se deslizan mis manos.

El calefactor ha hecho un buen trabajo, y la temperatura del cuarto es más que cómoda, incluso con poca ropa.

Vero se tumba boca abajo en la cama, sin camiseta. Su espalda desnuda ofrece una visión preciosa. Se nota que practica algún deporte, ya que tiene un torso bien definido, pero plenamente femenino.

Comienzo a deslizar mis manos sobre su cintura en dirección a su nuca, hasta que las frena su sujetador.

Vero: -“¿Quieres que me quite el sujetador?”

Yo: -“Mejor sí, por que si no te puedo hacer daño con el cierre”

Se incorpora y mi dice,

Vero: -“Ayúdame a desabrocharlo, por favor”

Le desabrocho el cierre y ella hace el resto. La penumbra de la habitación permite adivinar su figura en un juego de luces y sombras. Se vuelve a tumbar y continúo con el masaje. Subo hasta el cuello y aparto su melena a un lado. Su pelo es liso y de tacto sedoso. Casi sin quererlo estoy de rodillas sobre la cama, inclinado sobre ella, acariciándole toda la espalda. De pronto, levanta sus caderas y desabrocha los botones de su pantalón,

Yo: -“¿Qué haces?”

Vero: -“Ponerme cómoda, me estoy relajando mucho. Tienes unas manos que son una joya.”

Yo: -“Es que le pongo cariño a todo lo que hago”

Vero: -“Ya veo, ya…”

El último ‘ya’ ha sido prolongado y apagado. Está realmente relajada.

Es increíble el tener semidesnuda en mi cama a la chica por la que he babeado tanto el pasado cuatrimestre.

Comienzo a besarla en el cuello, mientras que mis manos se van a la parte baja de su espalda y a sus senos de forma indiscreta.

Vero: -“Parece que te gusto mucho” (En voz muy baja)

Yo: -“Muchísimo” (Sin parar de acariciarla de forma lenta y constante)

Vero: -“Y tú a mi también” (Mientras se vuelve para besarme y en un hábil movimiento, quitarme la sudadera)

El resto, pues ya se sabe…

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Tuesday, June 17, 2008

Anoche soñé con Ella

Anoche soñé con ella.

Yo estaba tumbado sobre la cama, y ella sobre mi, semidesnuda, mirándonos los dos.

Mis manos acariciaban su cintura mientras ella me contaba como le había ido el día, sus preocupaciones y los líos de sus amigas. Yo escuchaba atento, completamente absorto en su relato.

Ella sobre mi. Pasaban las horas charlando en la penumbra de mi habitación, teñida de azafrán por la claridad de la farola de mi balcón.

Los tonos dorados de su pelo se fundían en la tiniebla con el color lima de las sábanas, mientras que sus ojos de agua marina eran una visión del mismísimo cielo.

Su voz y sus manos sobre mi pecho me hipnotizan llegando a parar el tiempo. Su suave piel es el tacto más bello que se puede experimentar. Sus besos detienen mi respiración y mi pulso. Pocas veces he experimentado una sensación tan profunda de relax.

Finalmente nos quedamos dormidos, uno frente al otro, cogidos de la mano. Su expresión mientras duerme es dulce, con su sonrisa tímida, igual que aquella que me hechizó la primera vez que la vi.

Despierto. Las sábanas son de color lima, y la habitación está teñida de tonos anaranjados, pero estoy solo en la cama y ella no está para poder decirle al oído: “Cariño, eres la princesa de mis sueños”.

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Tuesday, April 1, 2008

Viento

El viento sopla con fuerza. La sensación térmica es gélida. A mi alrededor se levantan montañas colosales, enormes cumbres nevadas ocultas tras densas nubes. La luz es tenue debido a la niebla y a que la tarde va cediendo frente al avance de la noche.

El viento agitando las copas de los árboles, las ruedas de mi bicicleta rompiendo la nieve y mi propia respiración, fatigada y jadeante, son los únicos sonidos que me acompañan. Se desata la ventisca y casi a ciegas sigo pedaleando cuesta arriba. Mis piernas, ingrávidas, se mueven alternativamente, ajenas al agotamiento.

No sé de dónde vengo, no sé a dónde quiero llegar, ni siquiera sé dónde estoy, pero tampoco me importa. Pedaleo impulsado por la única necesidad de seguir a delante.

De pronto un estruendo rompe la monotonía resonando en las paredes rocosas.

Abro los ojos. El viento ha abierto la ventana que quedó mal cerrada. Miro la hora en el despertador, aunque lo que muestra carece de cualquier sentido. Es imposible que sean las 15:03 y aún sea noche cerrada.

“Ya me ocuparé de esto mañana” - Pienso

Me vuelvo y la miro como duerme plácidamente. Busco su mano bajo las sábanas y la tomo para besarla y posarla sobre mi pecho. Ella sonríe tímidamente mientras sigue en brazos de Morfeo.

La ventana sigue abierta, y el viento sigue soplando.

Vuelvo a abrir los ojos. La intensa luz blanca me ciega. Miro por la ventanilla y no se ve nada más que mi reflejo y el del resto de pasajeros. El único sonido del vagón es el ruido aerodinámico propio de velocidades muy altas dentro de un túnel.

Miro el indicador que hay sobre la puerta del vagón. Marca “15:04 -3º 298 km/h” alternando con “Próxima Estación: Lleida Pirineus”.

Hasta Barcelona, aún queda bastante.

Vuelvo a abrir los ojos. Me he quedado dormido mientras leía, al parecer se ha ido la luz a causa del viento. El despertador parpadea mostrando “0:00”

Parece que no he subido con la bicicleta a Aitana, ni he dormido con una chica que ahora me parece una desconocida, ni he viajado en un moderno tren de Alta Velocidad. Sólo ha sido el viento.

¿O tal vez sí?

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Saturday, October 13, 2007

Un sábado por la tarde (Caso 11bis)

Un sábado por la tarde, de un mes de diciembre como cualquier otro. Hace fresco, pero no frío. Abro los ojos, la habitación está levemente iluminada con la poca luz que entra desde la ventana. Ella, mi novia, está acostada junto a mí, durmiendo plácidamente.

Llevamos seis meses de relación. Nos conocimos en la universidad, ella estudia ingeniería química y yo eléctrica. Lo nuestro fue casi un flechazo. Un día nos miramos en la biblioteca, otro día me senté junto a ella, y el tercero la invité a comer. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, acabamos metidos de lleno en la relación.

Son las cinco de la tarde.

Yo: - “Cariño, despierta. Son las cinco.” Le digo, mientras le cojo la mano y le beso suavemente en la mejilla.

Ella: -“¡Ay! Déjame…” Se tapa hasta la cabeza con la manta.

Decido quedarme un rato más en la cama viendo la tele mientras ella duerme a pierna suelta. Ahora sólo queda encontrar el mando entre las sábanas.

Ella: -“Para ya…”

Yo: -“Estoy buscando el mando.”

Ella: -“Toma el mando.” Y me da su móvil.

Me incorporo, me pongo las zapatillas y me voy al salón a ver la tele. Como siempre, la enciendo, pero acabo delante del ordenador, mirando páginas sobre trenes. De fondo un reportaje sobre historia bélica en el Canal Historia. El cuadro es prácticamente el mismo todos los sábados.

En los foros las únicas novedades que hay son varios posts en los que la gente se dice de todo la una a la otra, y en el Messenger, están los de siempre, y que ya paso de ellos. Con tanta tontería, ya son las seis menos cuarto. La noche se acerca y en algunas calles ya está encendido el alumbrado público.

Marcho hacia la cocina a preparar la merienda. Café con leche, con mucha leche, poco café y una cucharada de Nesquick como le gusta a ella. Para mí un cortado. Saco a la mesa los cafés y una bolsa con magdalenas de chocolate y palmeritas.

De pronto aparece ella, en pijama, despeinada y con cara de sueño.

Ella: -“Hola”

Yo: -“Hombre, ya despertó la princesa del reino”

Ella: -“Sí” Mientras se sienta a la mesa bostezando.

Yo: -“¿Está bien el café con leche?”

Ella: -“Perfecto cariño, muchas gracias” Se levanta y me da un beso, Pero aprovecha y cambia el canal de la televisión para ponerlo en Cosmopolitan.

Yo: -“Podrías dejarlo en algún canal que nos guste a los dos…”

Ella: -“Esto nos gusta a los dos.” Mientras devora una magdalena, sentada de lado en la silla y con las piernas cruzadas.

Me como una palmerita y me bebo el café.

Yo: -“¿Qué tal has dormido?”

Ella: -“Bien, como siempre” Me contesta de forma casi automática mientras sigue embelesada con la tele.

Yo: -“Voy a ducharme”

Ella: -“¿Vamos a salir?”

Yo: -“Sí, podríamos ir a dar una vuelta y luego a cenar por ahí”

Ella: -“¿Al Burguer King?”

Yo: -“No, a un restaurante de Alicante que me han dicho que está muy bien”

Ella: -“Luego te quejas de que no tienes dinero… Y además ahora pillar el coche y todo… bufff”

Yo: -“Bueno, pues nos quedamos en casa”

Mientras ella sigue devorando magdalenas de chocolate, recojo mi taza, lavo los platos del mediodía y me siento delante del ordenador.

Ella: -“Te pasas la vida delante del ordenador. Te va a salir cara de píxel.”

Yo: -“No paso tanto tiempo delante del ordenador…”

Ella: -“Noooooo…” En un tono claramente sarcástico.

Me levanto, voy hacia ella, le quito la magdalena, empiezo a acariciarla, la beso y la levanto en brazos. Ella rodea mi cuello con sus brazos.

Ella: -“¡¿Pero qué te pasa?!” Mientras se rie.

Yo: -“Que te quiero mucho.”

Ella: -“Y yo también, pero déjame en el suelo.”

Yo: -“No”

Ella: -“Cariño, tengo un problema…”

Yo: -“¿Cuál?”

Ella: -“Se me ha dormido la pierna.” Y se rie

Yo: -“Es que te pasas la vida delante de la tele…” Parafraseando lo que me dijo antes.

La dejo en el suelo, y continuo recogiendo la mesa, antes de que se acuerde de la magdalena que tenía a medias. Aún estoy en la cocina poniendo orden, cuando entra ella.

Ella: -“¿Y mi magdalena?”

Yo: -“¿Qué magdalena?” Haciéndome el loco.

Ella: -“La que me estaba comiendo”

Yo: -“No entiendo como sigues pesando 60 kilos con todo lo que comes”

Ella: -“No peso 60, peso 58 y tú comes más que yo”

Yo: -“Sí, pero yo peso 74 kilos”

Ella: -“¿Al final vamos a salir?”

Yo: -“¿Tú quieres salir?”

Ella: -“No me cambies la pregunta”

Yo: -“Saldremos si tú quieres”

Ella: -“No me has contestado”

Yo: -“Vale, sí, vamos a salir. Voy a ducharme”

Ella: -“¿Y dónde vamos?”

Yo: -“A Alicante, ya te lo he dicho”

Ella: -“Pero te vas a gastar mucho dinero, y no quiero”

Yo: -“Tú no te preocupes por el dinero. Simplemente disfruta la noche”

Ella: -“Pero luego soy yo la que tiene que aguantar tu mal humor por que vas muy justo de dinero”

Yo: -“Es la vida del estudiante. Bastante es que las chapucillas que hago me dan algo de dinero y no tengo que sobrevivir sólo con lo que gano en verano”

Ella: -“¿Ves? Ya te estás quejando. Pidamos una pizza y alquilemos una película para verla aquí, luego saldremos por la ciudad.”

Yo: -“¿Y quien paga la pizza?”

Ella: -“¿Por?”

Yo: -“Por que mínimo son 20 €. No hay que hacer mucho número para ver que el quedarnos aquí con ese plan nos sale por lo mismo que irnos a Alicante”

Ella: -“¿Y el gasoil?”

Yo: -“El depósito está lleno”

Ella: -“Pero si lo gastas ahora son menos kilómetros que podrás hacer después…”

Yo: -“¿Y para que quiero el gasoil si no voy a mover el coche? Vaya argumento más tonto”

Ella: -“Todo lo que yo te digo te parece tonto”

Yo: -“Venga, por favor, no empecemos…”

Me siento en el sofá, me apodero del mando de la televisión y lo pongo en el Canal Historia.

Ella: -“Estaba viendo la tele”

Yo: -“Pues ahora estoy yo” Subo el volumen de la tele.

Ella: -“Y que mala leche tienes…” Y se sienta delante del ordenador.

Curiosamente, la escena es la misma que hace media hora, pero a la inversa. Así transcurre una hora y pico.

Me levanto, y empiezo a preparar la cena.

Ella: -“¿Qué haces?” Con un gesto de desconcierto.

Yo: -“La cena”

Ella: -“Pero, ¿no íbamos a salir?”

Yo: -“No, no quieres”

Ella: -“Lo que no quiero es que te gastes dinero”

Yo: -“Ea, lo mismo es”

Ella: -“¿Qué vas a hacer de cenar?”

Yo: -“Ravioles de carne con salsa roquefort”

Ella: -“Que buenos. Pero la salsa ¿es de bote?”

Yo: -“Sí, no me sale muy bien la salsa casera”

Termino de preparar la cena, y una vez sentados a la mesa:

Ella: -“Te han salido riquísimos cariño. La salsa apenas se nota que es de bote” Con cierto rintintin

Yo: -“Bastante es que sé cocinar algo”

Ella: -“Pues sí”

Yo: -“A ver que día me enseñas tus artes culinarias, por que como seas tan buena en la cocina como en la cama…”

Ella: -“Eso que has dicho es muy machista” Con cara de indignación.

Yo: -“No es machismo, es repartir tareas. Ahora no tengo problema en cocinar, por que la casa es mía, y tu eres mi invitada, además de mi novia…”

Ella: -“¿Pero?”

Yo: -“Pero, el día que vivamos juntos en nuestra casa, habrá que repartir”

Ella: -“Llevamos seis meses y parecemos un matrimonio con 30 años de casados”

Yo: -“Sí, tal vez es un error el compartir tanto tiempo juntos”

Ella: -“Ahora el que empiezas eres tú”

Yo: -“Es que no hay forma de contentarte. Me dices durante toda la semana que te mueres de ganas de que llegue el sábado para poder estar los dos juntos aquí, pero es que no hacemos más que discutir por todo”

Ella: -“Tu tampoco das tu brazo a torcer”

Yo: -“¿Pero por que tengo que dar mi brazo a torcer? ¿No somos una pareja? Pues deberíamos tomar las decisiones juntos, no que uno decida y el otro obedezca.”

Ella: -“Sí, como este verano, que nos fuimos a Barcelona en tren”

Yo: -“Claro, es que era mejor el autobús” Con tono irónico.

Ella: -“Y aún mejor el coche” Convencida de lo que dice.

Yo: -“Claro, es estupendo conducir seis horas, más una para llegar al hotel, más otra para aparcar, y todo eso rezando para que no me pongan ninguna multa.” Aumentando el nivel de ironía.

Ella: -“Si no corrieses tanto…”

Yo: -“Por eso nos fuimos en tren, y punto pelota.”

Ella: -“La ley del punto pelota…”

Yo: -“¿Algún problema?”

Ella: -“Sí, que cuando ya no te interesa la conversación, acabas con un punto pelota y a mí me dejas como una miseria”

Yo: -“Acabo una conversación desestructurada y que no lleva a ninguna parte, y no quiero discutir más”

Ella: -“Pues yo sí que quiero discutir” Levantando el tono de la voz

Yo: -“Por favor, baja el tono, y si quieres discutir, discute con tu madre, por que yo no tengo ninguna gana de peleitas”

Ella: -“¡¿Me hechas?!” Levantando aún más el tono de voz

Yo: -“No, simplemente te invito a marcharte si quieres discutir”

Ella: -“¡Eres un cabrón!”

Y rompe a llorar desconsoladamente, mientras va al cuarto, se viste y recoge sus cosas. Mientras, yo continúo cenando. Cuando lo tiene todo listo, viene al salón y me dice:

Ella: -“¡¿No piensas hacer nada?! Ya veo lo que me quieres” Continua llorando

Yo: -“No puedes ni imaginarte cuanto te amo, pero si sólo quieres discutir, es mejor que te vayas. En mi casa no quiero ni gritos, ni discusiones”

Ella: -“Ya estas con TU CASA, siempre igual”

Yo: -“Pues sí, por que de momento, yo pago el alquiler, y yo la mantengo los 7 días de la semana de los cuales 5 tú no estas.”

Ella: -”¡TE ODIO!”

Yo: -”Ea, es lo que hay…”

Se marcha con un gran portazo.

Yo: -“Venga a ver si tiras la casa. Y cuanta mala hostia…”

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Monday, October 8, 2007

Guía para NO ser un Don Juan, y poder vivir sin preocupaciones

Escribo estas líneas para que todos aquellos que estén hartos de los temas de amores tengan una referencia sobre como actuar para poder disfrutar de una larga temporada de tranquilidad y estabilidad.

Copio la introducción de la canción “Lo que se avecina”, de Porta.

“Permitid que sea sincero.

De buen comienzo, no seré de vuestro agrado,
los caballeros sentirán envidia y las damas repulsión,
no os agradare ahora y os agradare mucho menos a medida que avanzo,
señoras,
caballeros,
queda dicho,
este es mi prólogo,
no hay rimas ni declaraciones de modestia no contariais con eso, espero, y no tengo ningún deseo de agradaros.”

El seguir estas indicaciones puede convertirte ante los ojos de los demás en un perfecto capullo, que por otra parte, a según que mujeres, les encanta.

Caso 1. La vecina baja a pedir Sal en pijama.

Vecina: -”Hola, ¿tienes un poco de Sal?” (Sonriente, con el salero en la mano.)

Yo: -”No, sigo una dieta baja en sódio.” (Portazo enérgico que resuena en toda la escalera)

Caso 2: En la plaza de la universidad.

Chica: -”¿Tienes hora?”

Yo: -”Si tuviese tiempo no lo perdería hablando contigo” (Mientras, continuo mi camino sin apenas reducir la marcha)

Caso 3: Con los amigos y una compañera de clase.

Chica: -”¿Qué te parece si nos vamos un rato a pasear al puerto?”

Yo: -”Pues mal. Yo quiero estar AQUÍ con MIS AMIGOS. Toma el bonobús y vete dónde quieras” (Sin apenas mirarla, saco el bonobús de mi cartera y se lo dejo encima de la mesa mientras escucho lo que me cuenta un amigo sobre cables para sonido en coches con mucha potencia)

Caso 4: En mi casa estudiando

La chica, finge atención en sus apuntes. Mientras, poco a poco va acercándose hacia mi…

Yo: -”Perdona, ¡¿te supone mucha molestia respetar mi espacio vital?!” (Mientras me levanto y desplazo la silla hasta el otro extremo de la mesa)

Caso 5: En su casa estudiando

La misma situación de antes. Ella se va acercando.

Yo: -”¡¡Adiós!!, ¡tengo que ponerle comida al gato!” (Me levanto rápido, cerrándo la mochila de cualquier manera)

Chica: -”¿Que gato? “

Yo: -”El que voy a comprarme de camino a casa.” (Mientras cruzo la puerta de la calle)

Caso 6: Mientras le enseño el piso a una amiga.

Ella deja la mochila en el suelo, se quita la rebeca y se tira encima de la cama en una postura en la cual luce el top de tirantes y todo lo que pueda haber debajo.

Yo: -”Venga, joder, que tengo la cama perfectamente hecha. Ahora la vuelves a dejar como estaba…” (Mientras salgo del baño subiéndome la bragueta despues de orinar)

Caso 7: Momento de tonteo entre amigos con charla previa sobre sexo.

Ella tumbada en el sofá mientras le hago un masaje. Se deja besar en el cuello. Después de sobarla por entero, le digo:

Yo: -”No entiendo por qué dejas que nos pongamos cachondísimos, si los dos sabemos perfectamente que de pronto te volverás, soltarás cualquier parida y cortarás toda la magia del momento…”

Caso 8: En el coche

Un día en el que por aburrimiento pillo mi coche y salgo a carretera sin rumbo fijo. Casualmente me llama una amiga, y se apunta a dar una vuelta.

Ella: -”[...]Me encanta viajar y descubrir pueblos y lugares.”

Yo: -”En la guantera tengo un mapa y el teléfono de Alsa.” (Alsa -www.alsa.es- es una compañía de autobuses con multitud de líneas)

Seguidamente, en el primer cambio de sentido vuelvo a la ciudad.

Caso 9: Condiciones de pareja

Delante de la tienda de motos, yo estoy babeando mientras observo una preciosa deportiva de 600 centímetros cúbicos.

Ella: -”Mientras estés conmigo no voy a dejar que lleves moto.”

Yo: -”Adios…” (Mientras entro en la tienda, con la tarjeta de crédito en la mano)

Caso 10: Ella con sus amigas y yo con mis amigos

Estamos los dos juntos, pero cada uno hablando con su grupito.

Ella, a sus amigas: -”Pues Santi es un chico educado y sensible…”

Yo, a mis amigos, tras escuchar lo anterior: -”El otro día en la obra me bebí una litrona de un trago, y me tire un cacho erupto que resonó en todo el sótano. Lo bueno es que de la fuerza casi me meo…”

Caso 11: Discusión de pareja (por la moto o cualquier cosa)

Ella está hechándome el paquete por algo, no importa el que. Argumenta todo, con mil y un ejemplos que recuerdan lo malo que soy, chilla, patalea, se tira del pelo, así durante una hora en la que yo no digo nada, solo la miro cabizbajo. Al final ella dice:

Ella: -”Estamos hablando, pero tú pasas de mí. La única que está dialogando soy yo… ¿Es que no tienes nada que decir?”

Yo: -”No. Diga lo que diga, voy a ser el más malo malísimo, incluso con esto. Y después te pondrás a llorar, me tocará consolarte, decirte las cosas que quieres oir, humillarme un poco, y luego llevarte a cenar. Después nos iremos a pasear, me dirás que te hago sufrir mucho mientras me abrazas, y al final acabaremos con un polvo rápido en mi coche y a casa. Sinceramente, lo que yo diga no va a cambiar nada.”

Ella: -”¡TE ODIO!”

Yo: -”Ea, es lo que hay…”

Un saludo!

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Saturday, June 23, 2007

Visiones de futuro

Viernes, 3 de Octubre de 2014

Mañana cumplo 30 años. Otra vez, este año se ha pasado más rápido que el anterior.

He alcanzado la edad en la que digas lo que digas, todo el mundo te escucha, en la que algunos de tus amigos ya están pensando en casarse e incluso alguno tiene hijos.

Cuando alcanzas los 30 ya tienes una edad en la que has vivido lo suficiente como para hacerte una idea de lo que serán los años que te quedan.

Mis 30 son lo que la sociedad calificaría de éxito personal. Recuerdo cuando empecé en la electricidad como aprendiz, como poco a poco fui ganando experiencia y conocimientos. Ha sido un largo camino hasta hoy.

Después de sacarme la carrera de Ingeniero Industrial monté mi propio taller en la localidad de Caudete. Aquí nos dedicamos a la Electricidad Industrial, y en menor medida al sector residencial. La empresa va de maravilla, clientes no me faltan, incluso me sobra alguno… Jeje

Aunque no puedo decir que sea millonario, el dinero no me falta. Hace dos años que me compré un piso de 87 metros cuadrados. De sus tres habitaciones, una la uso como dormitorio, otra como oficina y otra está siempre limpia y ordenada para recibir invitados.

Además, me compré el coche de mis sueños, un Mercedes-Benz con motor híbrido eléctrico-gasolina. Sus 250 caballos andan mucho, y ya me ha caído alguna multa por exceso de velocidad. No tengo remedio.

No llevo un tren de vida demasiado elevado, al contrario. Mis únicos caprichos son la reuniones y algún viaje de la Asociación de Amigos del Ferrocarril. También es frecuente que me vaya de viaje con la bicicleta, a hacer turismo rural de forma amena y ecológica.

En los negocios, prefiero repartir las ganancias de la empresa entre mis empleados. Me gusta verlos contentos a final de semana cuando recogen los sobres gorditos y llenos de billetes.

Mañana bajaré a mi ciudad natal, Elche, a ver a mis amigos y tomarnos algo. Me quedaré a dormir en casa de mis padres para comer con ellos el domingo, y de paso evitar conducir de madrugada y cansado.

Vamos, una vida perfecta, casi de color de rosa. Pero en el fondo es gris.

Los 87 metros cuadrados de mi casa son enormes, y el silencio reina en todos sus rincones. Sólo quiebra la anormal tranquilidad de mi casa la música que pongo de vez en cuando.

Mi coche es de tamaño medio, pero resulta inmenso para viajar solo. La mayor parte de las veces me voy en los coches de mis amigos o invito a mis clientes a subir en mi vehículo.

Es duro llegar a casa tras un largo día de trabajo, en el cual has cerrado acuerdos importantes, y no tener a nadie para contárselo. En silencio, la rutina es sencilla: Llegar a casa, ducharse, ponerse el pijama, encender la televisión o el sonido ambiental, prepararme algo de cena, mirar los planings de los trabajos que llevamos en marcha, pensar en la faena para el día siguiente y en si tengo que hablar con el comercial del almacén de material eléctrico para revisar alguna factura.

Todos los días igual.

Algunos fines de semana mis amigos suben a Caudete y la casa cobra algo de vida, algunos se quedan a dormir y se van al día siguiente. Cuando se marchan la casa queda con una gran sensación de vacío y con el incomodo sonido del silencio.

Muchas veces pienso en como es posible que haya llegado al punto de no tener a nadie que me quiera un poquito, una compañera de vida con la que poder disfrutar los pequeños momentos de la vida.

Esas tonterías como pasear agarrados de la mano por el puerto de Villajoyosa, disfrutar de una buena Olleta en Agres o irnos de viaje a ninguna parte, únicamente para estar los dos solos.

Alguien con quien discutir un momento por una tontería y al rato estar haciendo el amor y jurándonos amor eterno.

Alguién que se enfade cuando vaya rapido con el coche.

Alguien que entre en mi taller y los trabajadores susurren: “Vaya pedazo de mujer que tiene el jefe”, mientras ella avanza impetuosa y con paso firme hacia mi oficina para pedirme las llaves del coche.

Alguien a quien le pueda hacer un desayuno y prepararle un baño espumoso un domingo por la mañana.

Alguien que intente comprender el mundo del tren mientras comemos en un reunión de la Asociación en algún lugar perdido de la geografía española.

Alguien que…

Ainssss…

¿Es mucho pedir?

Sí, por que entonces sería una vida perfecta.

Posted by Sporeman at 21:47:54 | Permalink | Comments (6)