Sunday, August 9, 2009
Sunday, July 5, 2009
Post trasnochado
Sunday, May 10, 2009
De tapaderas y sogas
Tuesday, February 17, 2009
A los listos…
El golpe que le di al coche fue en un punto muy localizado, por lo que aún circulando a 20-25 km/h toda la energía se disipó violentamente por ese brazo de la suspensión, provocando roturas y deformaciones plásticas (el trapecio y el amortiguador).
Su hubiese ido “to follao”:
- Me hubiese comido la rotonda a la entrada, y me hubiese subido a ella, o como poco, le hubiese dado a la rueda izquierda, más aún cuando esa rotonda tiene entrada en cuña y hay que girar a la derecha para entrar.
- Habría tocado chasis, cosa que por suerte, no ha sido así.
- Me hubieran saltado los airbags.
- Déjate caer al suelo desde poca altura, medio metro, y cae plano. Te harás un poco de daño, pero nada más.
- Déjate caer desde la misma altura con la rodilla por delante y sobre un bordillo. Si el golpe es certero, tendrás que pasar por quirófano a que te reconstruyan la rótula y tendrás una lenta y dolorosa recuperación, además de cara, si el médico es privado.
Friday, February 13, 2009
Otro 14 de Febrero
“Hoy es el día de los enamorados, con ansias y esperanzas de un querer.” (El Consorcio)
Por primera vez en años, en el día 14 de febrero no me entran ganas de disparar contra cualquier corazón de cartón que se me cruce por delante.
Tal vez sea por que cada día me quedan menos fuerzas para seguir en plan “tipo duro” que no necesita nada de nadie, tal vez por que la soledad es una fría compañera, o tal vez por que ya han pasado casi 4 años desde la última vez que sentí el escalofrío electrizante de un beso apasionado.
Estos días, en los que mi corazón se ha agitado recordando lo que es un flechazo (pero sin esperanzas de repetirlo), he comprendido que tarde o temprano tendré que reconciliarme con el sentimiento que nos hace humanos. Lo que me temo es que a ninguna le interese.
Akemi Kakihara - Say That You Love Me (gracias Gonzalo)
Gracias Sonia por esperar paciente a que terminase de escribir éste post para saber que por lo menos una chica lo ha leido
Monday, January 26, 2009
A 130 km/h, en el autobús.
Hace tiempo que estoy sensible con el tema de la velocidad, y hoy es el día en que me voy a expresar con total libertad y muy a gusto. Si al terminar de leer el post crees que me contradigo, tal vez deberías leerlo más detenidamente y con calma.
El desencadenante es un rutinario viaje en autobús entre Alcoy y Alicante.
Salimos a las 12:30 de la estación de autobuses de Alcoy, y la primera parte del trayecto todo normal. Salimos de Ibi con destino Alicante, ya que es un servicio semidirecto, y por la autovía el conductor va a 105-110 km/h de marcador, supongo que hasta dónde le deje el limitador en llano. Bueno…
Acostumbro a sentarme en la primera fila de asientos a la derecha, desde dónde tengo una visión perfecta de la carretera y del cuadro del autobús.
Subimos el Maigmó, y cuando lo bajamos el conductor adelanta a un camión. Durante el adelantamiento el autobús alcanza los 120 km/h. En esa zona, incluso los automóviles tienen limitación a 100 km/h por curvas cerradas y badenes. Además, hoy soplaban los últimos coletazos del ciclón que afectó que a la Península Ibérica el pasado fin de semana.
Continuamos el viaje, y cerca ya de San Vicente del Raspeig me doy cuenta de que las cosas pasan rápido por la ventanilla. Miro para delante y le comemos metros a prácticamente todos los vehículos, mientras circulamos raudos por el carril izquierdo. En este momento la aguja del velocímetro marca más de 125 km/h, fondo de escala del marcador, y por la distancia que separaba la aguja y la última marca calculo que circulábamos a unos 130 km/h.
Pero la gota que ha colmado el vaso, y me ha llevado a la decisión de poner una queja ha sido cuando circulábamos por la avenida de Elche, en Alicante, a 80 km/h y apurando los semáforos en ámbar. “Gracias” a esta muestra de conducción alocada hemos llegado a Alicante 15 minutos antes.
Pero lo mejor viene ahora.
Esta misma tarde llamo a la oficina de La Alcoyana para presentar la correspondiente queja y la señorita que me atiende intenta justificar a su compañero con frases “Joya” como:
- “Cada uno conduce como se siente seguro”
ó
- “Pero ¿hubo algún momento de peligro o mi compañero perdió estuvo a punto de perder el control?”
Tras desmontarle sus argumentos corporativistas y recordarle que si a La Alcoyana no le interesaba mi queja, a las autoridades de tráfico tal vez si les interesase, me tramitó la reclamación.
Y luego el que corre soy yo.
Es cierto que durante mis primeros años de carnet he cometido alguna (o varias) burrada(s), pero la experiencia y la razón me han sentado la cabeza y me han llevado a razonar el por qué de los límites de velocidad.
Los que me conocen saben que muchas veces circulo por encima del límite de velocidad genérico de 120 km/h, superándolo ampliamente cuando las condiciones me lo permiten, es decir, buena visibilidad, buen tiempo, tráfico escaso y en autovía-autopista en buenas condiciones. Por ello, y principalmente por reconocerlo abiertamente, me llueven las críticas, algunas muy duras y muy “tocapelotas”.
Para empezar, diré que las limitaciones de velocidad son una cosa, el límite genérico es otra. Las limitaciones se fijan por motivos de seguridad razonables o proximidad a zonas residenciales sensibles a ruidos. Los límites genéricos no son nada más que eso, una limitación administrativa.
En el caso de los autobuses, la limitación a 100 km/h se establece por la estabilidad del vehículo y por la capacidad de frenada, al igual que los camiones. Es un límite con una fuerte base técnica y que nadie discute. Todo lo contrario que el límite genérico de 120 km/h, que es muy discutido.
Los 120 km/h se establecieron en los años 70 por la crisis del petróleo, básicamente para reducir el consumo. Anteriormente, el límite en autopista (aún no existían autovías, aunque sí autopistas libres) era de 130 km/h. Por aquellos años, pocos vehículos eran capaces de alcanzar tales velocidades y prácticamente ninguno era seguro ni estable a más de 80 km/h. En los 70, cuando los vehículos calzaban un 50% menos de neumático, sólo modelos de alta gama como Mercedes, BMW o Audi poseían sistemas de frenado capaces de detener el vehículo en una distancia razonable.
Nadie duda de que los vehículos de hoy en día, hasta el utilitario más compacto, es muchísimo más seguro y capaz que cualquier vehículo de hace 30 años.
El caso es que (casi) todos los que conducimos tenemos muy claro lo anterior y le pisamos un poco más cuando las circunstancias lo permiten, algunos irresponsables, incluso sin permitirlo.
Circulando a 140 km/h me suelen pasar bastantes automóviles, alguna furgoneta e incluso algún furgón o camión ligero. A una velocidad bastante más elevada, cuando todavía no era más que una falta administrativa, por la AP-7 me adelantó una furgoneta Mercedes Vito con un margen de velocidad bastante amplio. Es increíble lo que corren esos vehículos mixtos de tamaño medio. En la misma vía, también circulaba ligero cuando me adelantó un automóvil a más de 300 km/h, ya que apenas pude distinguir el modelo.
Incluso he llegado a circular en paralelo con un camión a 140 km/h y tener que alcanzar los 150 para adelantarlo, ya por cojones, claro está, por qué también podría haber frenado y quedarme detrás. Y de las motocicletas, mejor ni hablar.
Entonces pienso que al igual no es que yo corra mucho, es que la sociedad es treméndamente hipócrita.
Entre los que me critican hay:
- El que no corre, por autopista, pero sale de ella y circula a 120 km/h por carretera y a 80 por ciudad.
- El que nunca corre, pero pone el coche a 180 km/h en una carretera comarcal durante la madrugada y tras un palizón de horas de viaje.
- El que no corre, pero circula a 120 km/h a 5 metros escasos del vehículo de delante.
- El que no corre, pero va a la velocidad máxima que marca la vía con sol, lluvia, nieve, niebla, hielo o el día del juicio final por la tarde a última hora y cerrando ya.
- El que no corre, pero va a 180 por la Castellana con el coche del trabajo (tiene inmunidad diplomática, jeje)
Y podría continuar la lista de forma indefinida.
Lo qué nunca justificaré serán los excesos de velocidad en túneles, vías de doble sentido, y muchísimo menos en vías urbanas, dónde los conductores debemos compartir espacio con los peatones.
Tampoco justificaré excesos de ningún tipo en transporte colectivo, dónde por una jilipollez puede resultar heridas muchas personas. Vaya, también es válido para los que se empeñan en ir a 120 besándote el culo cuando todo el tráfico de alrededor va a 100. Me recuerda a un conato de accidente…
Pero claro, con ejemplos de insensatez como el que relato al principio del post, u otros como he visto durante casi 5 años mis argumentos, como los de tantos otros que piensan como yo, pierden casi todo el peso para quedarse en paja seca.
Un ejemplo, grabado por FAJAMUSA:
Como no me quiero extender, voy a acabar con unos enlaces sobre el tema:
Terra: La media en autopista se acerca a los 180 km/h
Diariu de Guti: El mito de las autopistas alemanas
El Economista: El límite de velocidad en las autopistas no garantiza menos accidentes
Thursday, January 1, 2009
Año nuevo, nuevas ilusiones
Este año empieza mejor que los pasados. De momento, aún no me he peleado con nadie ni voy llorando por los rincones.
Empiezo el 2009 con optimismo y convencido de que será un buen año. En principio, me conformo con que sea equivalente al 2008, en el que tuve trabajo y éxito en los estudios.
De momento, el año ha empezado en Murcia, tras una nochevieja hogareña y en familia. Por la mañana me subí en el cercanías y me acerqué a Murcia con intención de probar el TranviMur, tranvía de Murcia que va por la avenida Juan Carlos I.
Allí estaba un buen amigo mío, con el que compartí la mañana y unos churros al medio día.
La verdad, que en lo más sencillo se encuentra la felicidad, y yo con poco soy feliz.
Este blog servirá para comparar mis expectativas con la realidad en diciembre
Un saludo y ¡feliz año!
Friday, December 12, 2008
Crisis, de valores
Me sorprende como el conformismo se ha asentado en la sociedad, hasta extremos dónde siempre ha imperado el concepto contrario.
Ahora se asiste a la Universidad para obtener un título, cuanto más rápido y con menos esfuerzo mejor. El nivel académico va cayendo lastrado por educaciones secundarias forzadas que no pretenden más que ocupar el tiempo de los chavales hasta la edad legal de trabajar.
Institutos atestados de profesores de escasa vocación docente, de vocacionales frustrados por sentirse los malos de la película, y chavales que van a pasar el rato entre fiesta y fiesta de fin de semana.
¿Para qué estudiar, si de peón de albañil gano más que de Ingeniero? Frase socorrida por ignorantes (de la que se nos venía encima) durante los pasados años.
Ahora que la burbuja ha explotado (¡¿las burbujas explotan?! Exclamaba Bart Simpson) se ven numerosos anuncios de flamantes coches, algunos de ellos berlinas y deportivos de lujo, mal vendidos a precios de ganga para el tiempo que tienen.
Cuando el dinero llegaba a espuertas, la previsión de vida limitada a la fiesta del sábado siguiente funcionaba bien. Muchos sabían que la situación estaba muy forzada, y que esto no duraría para siempre. Sólo por aparentar mantenían un nivel de vida demasiado elevado, gastando ingentes cantidades de dinero los fines de semana, y en productos tecnológicos para ver el mundial de fútbol mejor que el vecino.
Mientras, los bancos financiando nuestros excesos, sabiendo que nos tendrían esclavizados durante muchas décadas.
Durante estos meses convulsos, los universitarios somos los más privilegiados, con algo productivo en lo que ocupar el tiempo, con ingresos por parte del estado en concepto de becas, y una preocupación limitada por encontrar trabajo de verano.
Por ello deberíamos esforzarnos en nuestras carreras para, a través del estudio, obtener el conocimiento y la formación necesarias para sacar adelante al país.
Pero no. Pasamos de todo.
Hoy, una vez más, ha quedado claro en clase que desconocemos lo más básico de nuestro oficio, que a duras penas tenemos capacidad de análisis de la información que nos muestran y que únicamente sabemos aplicar fórmulas matemáticas de un modo mecánico. Cualidades totalmente contrarias a las que se deben exigir a un ingeniero.
No puedo proponer una solución a la crisis económica, eso se escapa a mis conocimientos y posibilidades. Tal vez no exista tal solución. Lo que está claro es que si mantenemos los decadentes valores actuales, la situación no puede ir más que a peor.
Por último, recordar que yo no soy un santo moralista. Estudio para trabajar y tener un salario acorde con mi preparación, que me permita vivir de forma desahogada y sin temor a que estallen las burbujas, además aportando mi granito de arena al desarrollo de mi país.
Tuesday, October 21, 2008
Apatía
Hoy, como en días anteriores, y probablemente como en días venideros, sólo tengo ganas de estar tumbado en la cama hibernando.
Será que las nubes me dan sueño y todos los días amanece muy cubierto.
O tal vez será que ciertos aspectos de mi vida hace años que cayeron en una vía muerta, y ahí estoy yo, viendo pasar trenes mientras espero desguace.
Thursday, September 25, 2008
Odio o interés
Curiosa disyuntiva.
En mi día a día, ya sea estudiando o trabajando, estoy acostumbrado a mantener todas las variables de una situación bajo control, o por lo menos conocer su tendencia más probable.
Eso funciona con las máquinas y da buenos resultados, pero en las relaciones humanas no es posible ser tan analítico.
En ningún momento he cruzado con ella palabra alguna, salvo los protocolarios hola y adiós.
Pero, ayer hubo un cruce de miradas intenso y directo. Ella se percató de mi presencia al instante. Y no es la primera vez.
¿Por qué? Está claro que no he pasado desapercibido, que mi sola presencia ha movido algo dentro de ella.
Una reacción así sólo puede ser por Odio o Interés.
Por odio, inmediatamente me identifica como algo negativo, y con lo que hay que mantener distancia.
Por interés, siente curiosidad por mí, como con que gente voy, a que grupo pertenezco.
Pero, ¿qué será? Difícil saberlo. Lo más probable es odio.
No le he hecho nada, pero a mí se me nota muchísimo cuando estoy interesado por una chica, pero en un porcentaje muy bajo de ocasiones esa chica está interesada por mí. De hecho, eso sólo ha ocurrido una vez y media.
Recurriendo a la estadística, es más fácil que suceda cualquiera de estas cosas antes de que una chica se interese por mí:
- Ganar un premio en la lotería.
- Sufrir un accidente de aviación (y eso que monto de media una vez cada 24 años).
- Que me caigan dos rayos de forma consecutiva (a veces salgo en bici los días de lluvia y tormenta).
Un saludo